El enorme coloso, que alberga en sus
faldas a poblaciones como Baños, presenta un
espectáculo único, aunque anuncia a
los pobladores su grandeza y destrucción en
el caso de una erupción fuerte. En las noches
despejadas se observa en el cráter incandescencias
y eventualmente grandes bloques de piedra son expulsados
por los flancos del volcán.
Los bramidos del Tungurahua se escuchan
con temor entre los campesinos, mientras que los vidrios
de las casas vibran con cada explosión.
Según el Instituto Geofísico
no se descarta que en los próximos días
ocurra una erupción de gran magnitud con flujos
de material piroplástico y que desciendan por
los flancos occidentales afectando a la poblaciones
cercanas.
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